Por invitación de Don Nacho Bustamante (violinero) asistimos al velorio de la Virgen de los Remedios en la comunidad de Buenos Aires Texalpan, mpio de San Andrés Tuxtla. Nos reunimos el domingo 7 de abril en la capilla de la virgen al rededor de la nueve de la mañana, esperamos un rato a que llegara toda la gente, al rededor de las 10 am ya éramos al rededor de 200 personas en su mayoría de Buenos Aires, Texcaltian, Xoteapan y otras comunidades serranas de Los Tuxtlas.
A la virgen le gusta la música de jarana
Una de las expresiones culturales que más arraigo tiene entre los tuxtecos es la música de jarana y el huapango, que es una celebración comunitaria que gira alrededor de un entarimado de madera, núcleo del desarrollo de una identidad regional única. Esta región cultural esta definida por elementos locales que intervienen en los rituales cotidianos generando expresiones socioculturales únicas, tal es el caso del culto a “La Virgen de los Remedios”.
El culto a la Virgen de los Remedios tiene sus orígenes en la época colonial, es probablemente la imagen mariana más antigua del país y su culto está ligado a la conquista, en algunos lugares del centro del país se le conoce por la “Generala”. En San Andrés Tuxtla existe una imagen de la Virgen de los Remedios a la cual se le atribuye el poder milagroso de sanar a los enfermos, esta imagen recorre la serranía generando un sistema de fiestas/velorios que se suceden ininterrumpidamente durante todo el año.
Cuenta la “casera” (dueña de la Virgen), que ésta fue aparecida en un palo de amate, la virgen habló y le dijo a la persona que se le apareció: "hijo soy tu madre, llévame a tu casa y celebra mi novenario", desde aquel día la imagen está en manos de su familia y se han transmitido la responsabilidad de cuidarla y prestarla a toda la gente que la solicite. Para llevar a la Virgen a sanar a los enfermos de una casa uno tiene que solicitarle a la casera el permiso de sacarla, hasta hace 20 años la única forma de llevar a la virgen era caminando, pues no permitían subirla a vehículos, se acuerda una fecha y la familia llega ese día de la cita acompañada por la comunidad y por un grupo de jaraneros.
Se tiene la creencia de que a la Virgen le gusta la música de jaranas y se dice que si no es sacada de su capilla con jaraneros la virgen cambia de color su rostro y la expresión de su rostro es de tristeza. Cuando llegan a la casa donde se va a velar la colocan sobre un altar adornado con flores y de hojas de arrayán, ahí colocan el nicho de madera donde está la virgen, acto seguido comienza el guapango pues la música no debe parar, al mismo tiempo se le cantan alabanzas y la gente se limpia con ramas de albahaca o arrayán frente a la imagen.
Velorio en Buenos Aires Texalpan
Los músicos ya estaban afinados y a la vuelta del violín de Nacho Bustamante se arrancó un siquisirí que duró un buen tramo del trayecto, entre música de jarana y alabanzas caminamos al rededor de 3 horas bajo el sol intenso de la primavera Tuxteca. A la altura de la comunidad de Tepancan se unió otra imagen de la virgen que habita en ese lugar, previamente un grupo de personas se había adelantado para irla a buscar, entre ellas algunos de los cantadores alabanzas, se reunieron y seguimos el camino, ya San Andrés podía distinguirse a los lejos.
Más adelante nos estaban esperando en una sombra de amate personas de la comunidad de Buenos Aires qué nos ofrecieron una agua y pinole. Los cohetes sonaban duro y la gente se preparaba para recibir a La Virgen. Casi a las 1 de la tarde estábamos entrando a la comunidad de Buenos Aires, para entonces ya éramos casi el doble de gente que había iniciado, el calor en el ambiente era muy intenso y la música se escuchaba alegre. Llegamos a la casa del velorio y ya estaba dispuesto el altar donde se colocarían las dos imágenes, el altar estaba adornado con arrayán y flores de papel crepé, había al lado derecho del altar una costalilla con arrayán preparado para qué las abuelas limpiaran a todo el que lo necesitara.
La Virgen lucía feliz y nomás llegamos el huapango dio inicio, ya estaban en la casa del velorio, bailadores y bailadoras y otros músicos mayores que ya no pueden caminar con la imagen. Fueron dos noches las que se veló la virgen, nosotros nos regresamos el domingo a buena hora a Santiago, pues era la primera vez que los alumnos del taller que impartimos aquí en nuestro pueblo asistían y tenían que regresar temprano.
Regresamos el lunes y nos tocó la oportunidad de estar en huapango bastante “regular” cómo le dicen los señores, con casi puros músicos de ahí y de la comunidad de Texcaltitan. Cómo era muy local tuvimos la oportunidad de escuchar la música de ahí en su forma más natural, era tan bonito, había una riqueza armónica impresionante pues las jaranas en su mayoría estaban afinadas en tonos diferentes (variación, mayor obligado, menor, mayor, chinanteco), había media guitarra, dos violines y atrás, frente al altar de La Virgen, había un grupo de 6 cantadores y cantadoras de la alabanzas que generan un ambiente muy particular.
De pronto nos agarró la noche y pues para cuando nos dimos cuenta ya había llegado casi toda la comunidad al velorio, la luna creciente de repente se dejaba asomar entre la nubería y la música no paraba, eran casi puros sones de pareja pues había que aprovechar que andaban más 7 de bailadores y había mucho ánimo por la música. A la mañana siguiente la virgen regreso a San Andrés, con menos personas, pero no con menos ánimo, ya estaba soplando el viento del norte y la música de repente se perdía en sus caminos, el cielo gris contrastaba con la infinidad de verdes y pues nosotros nomás nos dejábamos llevar cuesta abajo pensando en la fortuna que la vida nos ofrecía al tener la posibilidad estar en ese lugar, para algunos se cerraba un ciclo y para otros se abría un mundo distinto, un mundo de andar movidos por la fé.
Texto e imágenes → Joel Cruz Castellanos



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